dissabte, 16 de maig de 2015

LAS ELECCIONES EN POMPEYA: UN PAR DE LUCES Y MUCHAS SOMBRAS



Escrito por Laura Díaz López




Grafittis de Pompeya

En el año 80 a.C., en el marco de las denominadas Guerras Sociales contra Roma, Pompeya se vería obligada a rendirse ante el futuro dictador Lucio Cornelio Sila, después de largo asedio. A partir de ese momento, la hasta entonces ciudad independiente Osca se convirtió-a través del asentamiento de veteranos de las legiones del propio Sila-en una colonia romana con el nombre de Colonia Cornelia Veneria Pompeianorum. El hecho supuso la casi inmediata concesión de la ciudadanía a la totalidad de sus habitantes de condición libre, si bien éste no sería el único cambio a nivel administrativo y de tipo estatutario que sufriría Pompeya, la cual pasaría a regirse, como cualquier otra colonia romana, a imitación de Roma.

Así, los duoviri o dos hombres, máximos magistrados de la ciudad, equivaldrían a una menor escala a los cónsules de Roma; de carácter anual, eran los encargados de la administración de justicia. Bajo ellos se encontraban inmediatamente los ediles o aediles, los responsables del mantenimiento de los edificios, las calzadas, y del orden público en general. Esta magistratura menor no solamente daba a un hombre acceso casi inmediato al consejo municipal (el ordo de los decuriones) de forma vitalicia sino que además le permitía presentar su candidatura para el cargo superior. En otras palabras, nadie podía ser duumvir (la forma correcta en singular para duoviri) sin haber sido antes edil. Únicamente había en la ciudad un cargo más prestigioso que el de un duumvir corriente. Cada cinco años, ambos duoviri tenían la tarea extra de reclutar a los nuevos miembros del consejo y actualizar el censo de los ciudadanos, una gran responsabilidad reflejada en el título especial de duoviri quinquenalis.

El ambiente de las elecciones anuales de Pompeya quedaría recogido en los carteles electorales-más de dos mil quinientos en total-pintados claramente en letras rojas o en negras. Cubren las paredes de algunas casas y negocios, superponiéndose unos a otros, pues los anuncios de cada nueva campaña eran pintados directamente sobre los de las elecciones anteriores. Se concentran, como es lógico, en las princiaples vías de ciudad, donde era de esperar que los viera la mayoría de la población. Pueden verse también en las fachadas de las tumbas, incluso en ocasiones en el interior de ciertas viviendas, como por ejemplo, en la Casa de Julio Polibio, en la que hay un anuncio dentro de la casa -también en la fachada- solicitando apoyo para que Gayo Julio Polibio sea elegido duumvir (1).

Los anuncios responden a un patrón bastante bien establecido. Dan el nombre de un candidato y el cargo que éste pretende alcanzar, ya sea aedilis o duumvir (o pueden incluso dar los nombres de dos candidatos que sin duda habían alcanzado un trato para presentarse juntos formando un equipo). A menudo, pero no siempre, identifican a los que los apoyan y quizás alegan alguna razón para que el resto le presten también su apoyo. El formato típico es “Por favor, vota por edil a Popidio Secundo, un joven excelente”(2), o “Africano y Víctor apoyan a Marco Cerrenio para edil”(3). Ocasionalmente, apelan directamente a algún votante potencial: “Por favor, elegid edil a Lucio Popidio Ampliato, el hijo de Lucio. Va por vosotros, Trebio y Sotérico”(4).

De vez en cuando, registran tambien el nombre del rotulista, pues parece que la confección de estos anuncios era un trabajo especializado. En total, tenemos los nombres de casi treinta de esos hábiles publicistas. Aunque debieron recibir una buena paga por sus servicios no eran trabajadores a tiempo completo. Un miembro de un equipo de rotulistas se identifica a sí mismo por el trabajo que realiza a diario como batanero (“Mustio, el batanero, realizó el encalado”(5).

A veces nos da la impresión de que cada uno de esos hombres tenía su propia “zona” de trabajo. Los carteles firmados por Emilio Céler, conocido por haber pintado “sólo a la luz de la luna”(6) un famoso anuncio de un espectáculo de gladiadores a cargo de Décimo Lucrecio Satio Valente y de su hijo, se concentran todos en la Regio I, un barrio al norte de la ciudad, zona en la que, además, se ubicaba el domicio del propio Céler, a juzgar por otro letrero que afirma: “Emilio Céler vive aquí”(7). Es más, en un anuncio en que solicita apoyo para Lucio Estacio Recepto, candidato a duumvir, firmó diciendo: “Emilio Céler, su vecino, lo escribió”(8) y -temiendo que pudiera presentarse partidarios de cualquier otro candidato con un bote de pintura o un cubo de cal para borrarlo-añadió la siguiente advertencia:  “si tienes la maldad de borrar esto, ojalá cojas algo malo”. Únicamente podemos suponer como esos rotulistas escogían el trozo de pared en el que exponían previo pago sus eslóganes. Pero debía de ser con el consentimiento, al menos tácito, del dueño de la finca correspondiente. Si no, corría el riesgo de que las palabras escritas con tanto esfuerzo y cuidado aparecieran borradas al día siguiente.

No obstante, por formularios, repetitivos y estereotipados que sean todos estos anuncios electorales,  en ocasiones los nombres de los partidarios de un candidato pueden contarnos historias curiosas y ofrecernos indicios acerca de la vida política pompeyana. Frente a numerosos anuncios, que parecen simples recomendaciones personales -aunque fueran hechas, probablemente, por amable indicación del propio candidatos-, encontramos otros que apelan de forma directa a la autoridad de Tito Suedio Clemente, el agente del emperador Vespasiano que en un momento determinado utilizó su posición cerca del emperador para influir o mediar en el gobierno de la ciudad. Exponen oportunamente que el candidato está “respaldado por Suedio Clemente”(9).

Otros afirman que hablan en nombre de ciertos grupos de ciudadanos. Los bataneros, por ejemplo, los molineros, los gallineros, los vendimiadores, los estereros, los pescadores, los vendedores de ungüentos, los adoradores de Isis... aparecen prestando su apoyo a determinados candidatos. Otros de esos grupos son más enigmáticos. ¿Quienes son los “campanienses” que piden el voto para que Marco Epidio Sabino sea nombrado edil(10)? ¿O los “salinienses” que apoyan a Marco Cerrinio(11)? La respuesta nos permite vislumbrar casi con toda seguridad cuál era la infraestructura de organización de voto en la colonia de Pompeya.


Maqueta de Pompeya del Museo Arqueológico de Nápoles

El método habitual que se seguía en Roma para realizar las elecciones era dividir a la totalidad del electorado en grupos menores. Cada uno de esos grupos votaba entre ellos para consignar un único voto colectivo y el candidato que resultaba vencedor era el que obtenía el apoyo de la mayoría de los grupos. Probablemente, los campanienses y los salinienses, junto a los forenses y urbulanenses que aparecen en otros anuncios, aludan a cuatro grupos de votantes, correspondientes a otros cuatro distritos diferenciados de la localidad, cuyo nombre tal vez haga referencia al de las diversas puertas de la ciudad: así los salinienses corresponderían al grupo de votantes con residencia en las cercanías de lo que hoy llamamos Puerta de Herculano, que en la antigüedad recibía el nombre de Porta Salis o Salinienses. También habría habido distritos electorales en las zonas rurales de los alrededores: es posible que los campanienses pertenencieran a uno de estos distritos rurales, dado que es en la zona de la Campania donde se ubica Pompeya.

El día de las elecciones debemos imaginar que los ciudadanos se presentaban en el Foro, repartidos por distritos, consignaban el voto de cada distrito y aclamaban como vencedores a esos candidatos que habían obtenido los votos de la mayoría de los distritos. No sabemos como votaban los antiguos pompeyanos exactamente, pero, casi con toda seguridad, lo hacían mediante un sistema de votación secreta. Una ingeniosa teoría expuesta recientemente dice que la principal finalidad de los diversos dispositivos de cierre aún visibles en las entradas del Foro era impedir el paso el día de la elección a los que no tenían derecho a voto.

Todos esos votantes eran varones, puesto que en el mundo antiguo griego y romano no hubo ciudad ni estado alguno que concediese a la mujer ningún poder político formal. Sin embargo, a pesar de que las mujeres no tuvieron derecho a voto, uno de los hechos más sorprendentes de estos anuncios electorales de Pompeya es que más de cincuenta nombrar a alguna mujer o algún grupo de mujeres como partidarias de algún candidato. ¿Demuestra esto un interés activo de las pompeyanas por un proceso político del que estaban por completo excluidas?


En algunos casos, sí, aunque no siempre era un compromiso estrictamente político lo que estaba en juego. Por ejemplo, Tedia Secunda, que pone su nombre al lado de Lucio Popidio Secundo en su intento de obtener el cargo de edil era, como declara explícitamente el anuncio electoral, la abuela del interesado(12). Sin duda, como en este caso, en muchas ocasiones las consideraciones de lealtad de tipo familiar, o personal, habrían sido la causa principal del apoyo de las mujeres a un determinado candidato. Por otro lado, el simple hecho de que consideraran que valía la pena mostrar su apoyo es un indicio de la visibilidad de la mujer en la vida pública de Pompeya.

No obstante, el apoyo femenino no siempre repercutía positivamente en el candidato. En una pared exterior de una taberna de la Via de la Abundancia encontramos los nombres de varias mujeres que prestan su apoyo a diferentes candidatos: Aselina, Aegle, Zmyrna y Maria(13). Una posibilidad es que se trata de las mujeres que trabajaban como camareras en el interior del local -sólo los nombres de dos de ellas, Aegle y Zmyrna, decididamente de origen griego, indican que eran esclavas-. Quizás tuvieran sus candidatos favoritos y puede que encargaran a un rotulista hacer públicas cuáles eran sus preferencias. O quizá se trate de una broma o un ejercicio de propaganda negativa. Puede que un satírico callejero, o algún adversario político puso los anuncios electorales de rigor, pero añadió los nombres de las camareras del local como partidarias del candidato para dañar la reputación y la imagen del candidato rival.

Al margen de quiénes sean en realidad los patrocinadores de los carteles, a Gayo Julio Polibio y sus amigos no les gustaron. Pues en el anuncio en el que Zmyrna proclama su apoyo a C. I. P. (sin duda Julio Polibio era un hombre lo suficientemente conocido como para que su nombre pudiera aparecer abreviado con sus iniciales sin riesgo de que la gente no supiera a quién se refería), alguien realizó, tras su escritura, el tipo de operación en la que pensaba Emilio Céler cuando amenazaba al quién se atreviera a borrar su trabajo diciendo que “ojalá coja algo malo”. Sin embargo, solamente el nombre de Zmyrna ha sido borrado bajo una capa de cal, mientras el resto del anuncio permanece legible, como si al candidato ansioso le preocupara únicamente eliminar esa peligrosa muestra de un apoyo inadecuado(14).

La ostentación de apoyos inadecuados parece, de hecho, una forma de propaganda negativa común durante las elecciones de Pompeya por parte de los candidatos rivales. Ninguno de los carteles que se han encontrado hasta el momento exhibe los defectos de los candidatos que anuncian, ni intenta disuadir a los electores de votar por alguien. En cambio, sí que encontramos algunos apoyos como mínimo bastante raros. Es posible que el cartel que muestra a “todos los que beben a altas horas de la noche” respaldando la candidatura de Marco Cerrenio Vatia para edil fuera una broma amistosa, un anuncio encargado durante una borrachera nocturna(15). Pero cuesta trabajo imaginar que el apoyo de “los carteristas”, de “los esclavos fugitivos” o de “los ociosos” tengan alguna otra finalidad que la de alentar a votar en contra.

Si un mal apoyo puede ser causa de périda de apoyos, ¿cuáles serían las razones para votar a algún candidato según sus propios partidarios? Cuando se especifican, si es que se especifican -lo cuál no es tan habitual que pueda pensarse-, son tan estereotipadas como los propios anuncios electorales. La palabra favorita, que aparece una y otra vez, es dignus, que significa “digno, idóneo para ocupar el cargo”. Se trata de un término mucho más cargado de significado en latín que en nuestra lengua, con importantes connotaciones de estima pública y de honra. Pero si sigue habiendo muy poco en todos estos carteles que indique remotamente qué acción podría merecer, o justificar esta estima, o convertir a alguien en aedilis o duumvir. Un grafito -que no parecía un cartel electoral, aunque haya ya desaparecido, sino más bien un bosquejo rápido- elogiaba a Marco Caselio Marcelo como “buen edil y hombre munificiente”, es decir, extremadamente generoso. Los pocos intentos que existen de justificar un apoyo electoral suelen pasar por estas expresiones de “preocupación económica” por parte de los partidarios: desde “saca buen pan” (que lo mismo puede referirse a las habilidades de Gayo Julio Polibio como propietario de una panadería, como a sus proyectos de realizar un reparto de pan gratis(16) a “no despilfarrá el dinero de la ciudad” (que puede aludir a la prudencia económica de Brutio Balbo en materio de finanzas públicas, o, más concretamente, a su buena predisposición a ser generoso con su propio dinero en interés del pueblo(17)).

Es posible, por supuesto, que entre los votantes se desarrollaran debates de todo tipo sobre política y sobre el gobierno de la ciudad -tras la cena, en el Foro o en las tabernas-, que no habrían dejado el menor rastro en el estilo formular de esos anuncios. Puede que en Pompeya hubiera toda una cultura  intensamente política. Sin embargo es igualmente probable que para los hombres de la ciudad, y, de igual forma, para las mujeres, las relaciones familiares, la lealtad personal y de amistad fueran, sin duda, lo más importante o lo único relevante a la hora de elegir a un candidato.

Tedia Secunda es la única que manifiesta de forma clara su relación familiar con su patrocinado, sin embargo, otros partidarios se identifican como “clientes” o “vecinos” del candidato en cuestión, tal como hacía Emilio Céler. Los carteles electorales, por lo tanto, tenían una función más declaratoria que persuasiva. Es decir, tenían como objetivo principal mostrar el apoyo de un partidario decidido ya por candidato, más que intentar cambiar el parecer de los seguidores de un candidato contrario, o convencer a los votantes indecisos, hecho que alcanza su conclusión lógica en el respaldo de un candidato dentro de su propia casa, como en el caso de Gayo Julio Polibio -quién recordemos hizo grabar un anuncio electoral dentro de su propia vivienda-, de su propia familia, como Tedia Secunda por su nieto Lucio Popidio Secundo, o de su propio barrio, como Emilio Céler por su vecino Lucio Estacio Recepto, donde los intereses económicos sustituirían en parte a los familiares y personales.

La mayoría de estos anuncios electorales son posteriores al gran terremoto del año 62 d.C. Bien es verdad que se conservan algunos anuncios electorales de las épocas anteriores de la historia de esta ciudad. Unos cuantos se remontan incluso a una fecha ligeramente anterior al establecimiento de la colonia en 80 a.C. y casi una docena están escritos en osco. Pero en su inmensa mayoría son, como cabría esperar, de los últimos años de vida de la ciudad, y posteriores a los daños causados por el terremoto y las labores de reconstrucción y redecoración posteriores. De este período hay algunos candidatos que aparecen en más de cien anuncios distintos. Y esta gran densidad de testimonios ha animado a ciertos historiadores a intentar extraer cerca de la política pompeyana unas conclusiones más detalladas de las que pueden sacarse del texto de los propios carteles.


Relieve de varones togados - Museos Vaticanos
Algunas investigaciones complejas han intentado establecer el orden de las campañas electorales, y, a partir del mismo, elaborar toda una cronología completa de las elecciones de Pompeya durante su última década aproximadamente. En definitiva: ¿quién se presentó como candidato y a qué cargo en qué año? El método que se oculta tras de todo esto es, de hecho, una “arqueología” de la superficie pintada de las paredes, y le favorece la circunstancia de que los anuncios electorales no eran nunca borrados ni eliminados una vez acabada una determinada campaña, si no simplemente cubiertos al año siguiente con nuevas versiones a favor de los nuevos candidatos.

Si empezamos por la capa superior de la pintura descubrimos que los anuncios electorales de ciertos candidatos se conservan en grandes cantidades y que parece que nunca fueron sustituidos por otros. Es lógico suponer que corresponden a los candidatos de las últimas elecciones a las magistraturas que tuvieron lugar en el último año de la colonia, en 79 d.C. (probablemente en primavera, para que los elegidos tomaran posesión del cargo en julio). Si esto es así, los candidatos para el puesto de edil en el último año de vida de la ciudad fueron por un lado Marco Sabino Modesto, que, al parecer, se presentó junto a Gneo Helvio Sabino, y por otro Lucio Popidio Secundo y Gayo Cuspio Pansa. Los candidatos para el cargo de duumvir fueron, según la misma línea de razonamiento, Gayo Gavio Rufo y Marco Holconio Rufo.

Si vamos retirando las capas de anuncios, la siguiente tarea consiste en establecer cuáles van sobre los otros, y por tanto cuáles son posteriores. A partir de ahí sería posible, en teoría, reconstruir una cronología de candidatos. Esta operación es mucho más engañosa que la de idenficar simplemente a los últimos candidatos de la colonia. Como las paredes se arruinan, y las pinturas se deterioran, o se borran, no siempre resulta fácil establecer la relación exacta entre diferentes anuncios, por no hablar del hecho de que coordinar los testimonios procedentes de los diversos puntos de Pompeya es como mínimo complicado.

No hay ni una sola lista de candidatos de la década de 70 d.C. que convenza a todo el mundo si bien existe bastante unanimidad sobre algo: había más candidatos para edil que para duumvir. En efecto, según cierta reconstrución, entre los años 71 y 79 hubo sólo dos hombres cada año que presentaran su candidatura al duovirato-al menos así fue en el último año de la colonia, como ya se ha indicado- En otras palabras, tantos candidatos como plazas. 

De ser así, la finalidad de los carteles no habría podido ser convencer a los votantes de que eligieran a un candidato y no a otro, sino simplemente anunciar una inevitabilidad ante esta falta de cualquier oposición, rivalidad o alternativa. A primera vista, este hecho da una impresión bastante triste de la democracia de Pompeya. Es decir, pese a esa apariencia de una cultura vivamente democrática que los carteles electorales pueden dar a entender, no se ofrecía al electorado opción alguna a la hora de poner nombre a los máximos magistrados electivos de su colonia.


Ha intentado explicarse esta situación argumentando que el hecho de que en Pompeya -al igual que en otras ciudades romanas- la norma consistía en que nadie podría llegar a duumvir sin haber sido antes edil, y como sólo se elegían dos ediles al año, la competencia por la magistratura superior era prácticamente inexistente. Sin embargo, no solo los ediles del año anterior estaban capacitados para presentarse al duovirato, sino cualquiera que hubiera ejercido el cargo en cualquier fecha anterior, por lo que esta explicación carece, en principio, de fundamento.

La razón quizás haya que buscarla en pactos entre familias prominentes en busca de un equilibrio de poder, o a acuerdos dentro del ordo de los decuriones, para elegir de antemano a los dos siguientes duoviri al margen de la opinión del electorado. Puede que las causas sean mucho más prosaicas: los altos costes de las campañas electorales quizás sumieran, parcial o totalmente, en la ruina a más de uno, imposibilitando por tanto que se presentara al duovirato; o puede que el acceso al ordo de los decuriones, obtenido como hemos dicho a través del ejercicio de la edilidad, así como a la totalidad de los privilegios asociados a la pertenencia al mismo, fueran para muchos bastante honor ya como para querer asumir los costes y riesgos de una nueva campaña política.

Ello nos muestra una nueva cara de la política pompeyana: no todos los ciudadanos podían optar al cargo de aedilis o duumvir, si no solo aquellos capaces de hacer frente a los dispendios excesivos y necesarios anteriores y posteriores a resultar elegidos, es decir, durante la campaña electoral y ya en el ejercicio del cargo. Es por esto que la sola presentación de cualquier candidatura ante el ordo de los decuriones debía ir acompañada de avales que demostraran a sus miembros la tenencia de una determinada fortuna que respaldara las ambiciones del candidato y probara su capacidad económica para llevarlas a término.

Este requisito económico reducía logicamente aún más el número de elegibles para la edilidad y el duovirato, restringiéndolo a los individuos varones de unas pocas familias acaudaladas, las cuales eran las que de verdad, a través de sus relaciones de parentesco, económicas o clientelares, tenían el  control del gobierno de la ciudad. Sin embargo, como era imposible que aquellas pocas familias de privilegiados tuvieran un mismo nivel de fortuna, es muy plausible que las de menores recursos de entre ellas se contentaran con promocionar a sus miembros a la edilidad descartando el duovirato: ello bastaba para lograr el acceso al ordo de los decuriones y, por tanto, la pertenencia a la élite de la colonia, al menos una generación más. 

La verdadera competencia, por tanto, se daba para alcanzar el cargo de aedilis: Gneo Helvio Sabino, candidato del 79, había hecho al menos un intento anterior fallido de ser elegido, como nos indican lo que parecen anuncios más antiguos con su nombre(18). Para el cargo de duumvir, sin embargo, solo habría habido compentencia si más de dos individuos elegibles deseaban ocupar el cargo el mismo año, cosa que hemos visto ocurría en raras ocasiones, y que debió deberse a dos causas principales: el deseo de obtener el cargo más prestigioso de duumvir quinquenalis, o la búsqueda de una mayor reputación mediante el ejercicio de la magistratura más de una vez.

Estatua de Marco Holconio Rufo en su emplazamiento original en Pompeya - año 1900

Tal es el caso de Marco Holconio Rufo -un antepasado de ese Marco Holconio Rufo que alcanzó el cargo de duumvir en el último año de la colonia-, el cual habria sido duumvir en cinco ocasiones. y duumvir quinquenalis en otras dos(19). El desempeño de estos cargos sin duda propició que le fueran concedidos el sacerdocio del divino Augusto y el patronato de la colonia, además de una estatua y un arco del triungo en su honor en plena Via de la Abundancia décadas después de su muerte(20), lo que demuestra que, tras su defunción, seguía siendo admirado y respetado por sus conciudadanos, algo que sin duda muchos de sus sucesores en el cargo debían de envidiar.

Un último hecho fundamental que debemos tener presente al pensar en la vida política de Pompeya es que el número de electores era también bastante pequeño. Aproximadamente se ha calculado en 12.000 los habitantes del núcleo urbano de Pompeya y 24.000 los de las zonas rurales circundantes. Si utilizamos una regla empírica muy tosca empleada habitualmente en los cómputos de este tipo, se puede calcular que más o menos la mitad de esas personas eran de condición servil. Y el resto, más de la mitad habrían sido mujeres y niños sin ningún derecho a voto. Esto significa que en Pompeya el electorado habría estado formado por unas 2.500 personas y en el campo quizás por unas 5.000 más o menos.

Estas reducidas cifras ayudan a resolver la cuestión de cómo en una comunidad como Pompeya, en la que no hay indicios de que hubiera alguna manera oficial de probar la propia identidad o bien la posesión del derecho a voto, podía controlarse la participación en las elecciones. Por ejemplo, ¿de qué forma se impedía a los esclavos o extranjeros presentarse y usurpar los derechos políticos? La respuesta es muy sencilla. Desde el momento en que los pocos miles de votantes se habían reunido en el Foro, habían pasado las barreras y se habían dividido por los distintos distritos electorales que les correspondían, podía localizarse a cualquiera que se hubiera colado. Entre esa gente se conocían todos... lo cual facilitaba aún más la manipulación de las elecciones y la previsión de los resultados: al fin al cabo, todos sabían a quién votaría una determinada persona en función de sus relaciones de dependencia, familiares o de clientela.  


Notas:

1   AE 1977, 224
2   CIL IV 7133
3   CIL IV 818
4   CIL IV 7632
5   CIL IV 3529
6   Singulus ad lunam, CIL IV 3884
7   CIL IV 3794
8   CIL IV 3775
9   CIL IV 791; CIL IV 1059
10 CIL IV 470
11 CIL IV 128
12 CIL IV 7469
13 CIL IV 7863
14 AE 1912, 238
15 CIL IV 581
16 CIL IV 429
17 CIL IV 3702
18 AE 1902, 192. Se presentó junto a Marco Samelio Modesto
19 CIL X 837
20 Al menos eso parece indicar el hecho de que se utilizara el cuerpo de una estatua de Calígula para representar a Marco Holconio Rufo, retallando los rasgos de la cara para asemejarse a este personaje pompeyano. Dado que éste vivió en época de Augusto, la dedicación de la estatua se produjo décadas después de su muerte, posiblemente bajo el gobierno de Claudio, momento en que se decreto la damnatio memoriae de Calígula que condujo a la reutilización o destrucción de sus estatuas.